Mi primer contacto con un Gong fue en 2020, gracias a David Draco (Instagram: @davidraco_), quien me visitó para tocar el handpan y también trajo su Gong.
Ese Gong lo colocamos en mi salón, y durante dos semanas pasé cada momento libre frente a él.
Fue amor a primera vista, y desde entonces los Gongs se han convertido en una parte muy importante de mi vida y de mi día a día.
En ese mismo año asistí a un taller para aprender a crear mi propio Gong.
Al volver a casa y comenzar a fabricar mis primeros Gongs, sentí como si nunca hubiera hecho otra cosa.
Desde entonces, cada Gong que nace en mis manos es una creación única, una obra viva y vibrante.
Los creo como quien cultiva un jardín interior:
con amor, paciencia, fuego y martillo.
Creo firmemente que, si cada hogar tuviera un Gong, el mundo sería un lugar mejor.
Creo que los niños deberían aprender jugando con los Gongs como una herramienta sagrada, a escuchar, a sentir, a vibrar en coherencia con la vida.
Desde pequeños.
Desde la escuela.
Vibrar en armonía con el mundo.